Esta vez no hubo disco nuevo ni anuncio de gira. El nombre de Taylor Swift volvió a circular por una decisión que apunta a otro frente: el avance de la inteligencia artificial. La cantante presentó solicitudes legales para proteger su voz y su imagen, dos elementos que hoy pueden ser replicados con facilidad en internet.
El movimiento se hizo el 24 de abril ante la oficina de patentes de Estados Unidos, a través de su empresa TAS Rights Management. En total fueron tres registros. Dos corresponden a frases breves que la artista usaba en plataformas como Spotify y Amazon Music: “Hey, it’s Taylor Swift” y “Hey, it’s Taylor”. El tercero es una imagen de su show durante el The Eras Tour, donde aparece con guitarra en mano sobre el escenario.
Una industria en alerta
La jugada tiene un objetivo claro: evitar imitaciones y usos engañosos. Según explicó el abogado Josh Gerben, registrar la voz como marca puede servir para reclamar cuando una copia resulte demasiado similar y genere confusión. En un contexto donde la IA puede clonar voces en segundos, esa herramienta suma peso legal.
La decisión llega después de varios episodios incómodos. En los últimos meses circularon imágenes falsas, o deepfakes, con su rostro y hasta contenido sexual manipulado. También se viralizó una imagen en la que supuestamente apoyaba a Donald Trump, algo que nunca ocurrió. Todo eso puso el tema en agenda.
Cómo se protege una artista en la era de la IA
El caso no es aislado. Cada vez hay más artistas preocupados por el uso de su identidad en contenidos generados por IA. Las herramientas actuales permiten crear canciones falsas, replicar estilos o construir imágenes hiperrealistas sin autorización.
El problema es que las leyes tradicionales no siempre alcanzan. El copyright protege obras concretas, pero no cubre del todo la imitación de una voz o una apariencia. Por eso, sumar registros de marca aparece como una vía alternativa.
Taylor Swift ya tiene experiencia en este terreno. A lo largo de su carrera registró frases, nombres y proyectos, y protagonizó una disputa clave por los derechos de sus primeros discos, que terminó con las reediciones conocidas como “Taylor’s Version”.
La medida abre un nuevo capítulo en la relación entre tecnología y cultura. Si otros artistas siguen el mismo camino, podría cambiar la forma en que se protege la identidad en internet.